Algunas noches me la tropiezo en la vida real. Ella baja por alguna escalera mecánica y yo subo; yo entro al cine del que ella sale; ella camina por una acera y yo por la opuesta; ella abandona el bar de copas al que llego; se monta en el autobús del que yo me apeo.
Mi metro esta madrugada iba en un sentido; el suyo en el contrario. Se han detenido en paralelo. ¿Por qué, cielo, no estás ya dormido y en la cama? –me ha reprochado como siempre con la mirada.
Sí, no hay duda: era ella, la mujer de mis sueños.